lunes, 1 de octubre de 2018

MIGRACIONES


¿Y si pensamos la migración de otra manera? ¿Y si tratamos de no dar una respuesta a las migraciones masivas como si estuviéramos aún en los años 50 y 60 del siglo pasado? ¿Y si repensamos la migración en términos globales, no porque la migración sea global, sino porque ya no existe un mundo compartimentado por fronteras, sino un espacio global de tránsito y flujos imparables?
Yo no sé si es cierto que el humano es naturalmente migratorio. Este tipo de afirmaciones fundadas en generalizaciones inductivas a partir de hechos sucedidos a lo largo de miles años me dejan bastante indiferente. Que nuestra historia humana está ligada a iniciales y largos períodos de nomadismo… pues probablemente sea así. Pongámonos en esa hipótesis, y aceptemos que nuestra esencia milenaria es nómada. Pero el nomadismo no es el resultado de ninguna genética, parece más bien que resulta de la lucha por la supervivencia y la búsqueda de alimento y refugio; porque en el momento en que el humano descubrió que era posible poseer alimento y refugio sin trasladarse, se hizo sedentario (y con ello, empezaron los líos –Yuval Noah Harari-). No obstante, ese nomadismo primigenio también supuso la lucha brutal por la supervivencia contra otros grupos humanos a cuyo espacio llegaban los nuevos transeúntes o se cruzaban por el camino y se disputaban un mismo espacio de subsistencia. También pudo ser posible la convivencia pacífica, y la mezcla entre especies…  Pero no cabe duda de que el nomadismo supuso confrontaciones, mezcla y una hipotética lucha de exterminación de una especie humanoide sobre otra. Todo esto, bien mirado, no es muy distinto a lo que ocurre ahora. Hoy es el nomadismo forzado por hambrunas, guerras, persecuciones, por el anhelo de una vida mejor; y también las mismas circunstancias derivadas: crisis, los enfrentamientos, el rechazo, la xenofobia, el miedo. Apenas han cambiado las causas y sus efectos. Bueno, sí. Las naciones y sus fronteras, que durante un tiempo fueron útiles para controlar el nomadismo puntual. Pero hoy, en un mundo en permanente movimiento (todos somos commuters… Zygmunt Bauman), las naciones y las fronteras sólo han agudizado los inconvenientes y silenciado las ventajas
¿Y si aceptamos que somos nómadas y que es imposible en el mundo actual impedir las migraciones? ¿Y si aprendemos de nuestro pasado? ¿Y si aceptamos que las migraciones pueden ser beneficiosas para todos? ¿Y si abordamos la migración no como un problema de cada nación, sino un asunto global que requiere una política global como se ha hecho con tantas otras cosas… un tratado internacional? ¿Y si imaginamos por un momento una manera de entender el “pueblo del Estado”, como decía la Teoría clásica del Estado, desligado de los conceptos nación-ciudadanía-frontera?
Estado, pueblo, nación, frontera… todos son ficciones, artificios jurídicos y políticos que son muy útiles para explicar y legitimar ciertas realidades. Pero profundamente perturbadoras en el mundo actual para afrontar realidades a las que habrá que dar una respuesta para que no se destruyan las grandes ventajas de aquellas ficciones: la libertad, la igualdad, la democracia… Ideas, por cierto, perfectamente globales y ajenas a los compartimentos nacionales y fronterizos. ¿Por qué no aceptamos que las migraciones son inevitables? ¿Por qué no nos afanamos en buscar instrumentos que las ordenen y las hagan humanas, que permitan tratar y ofrecer un futuro digno? ¿Por qué no creamos otros artificios jurídicos para construir una nueva ficción política?
¿Y si encargamos a los que ahora están pensando la forma en la que poner puertas al campo de las migraciones a pensar justamente cómo ordenar un mundo en el que migrar es inevitable? Ahí lo dejo.

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