¿Y si pensamos la migración de
otra manera? ¿Y si tratamos de no dar una respuesta a las migraciones masivas
como si estuviéramos aún en los años 50 y 60 del siglo pasado? ¿Y si repensamos
la migración en términos globales, no porque la migración sea global, sino
porque ya no existe un mundo compartimentado por fronteras, sino un espacio
global de tránsito y flujos imparables?
Yo no sé si es cierto que el
humano es naturalmente migratorio. Este tipo de afirmaciones fundadas en
generalizaciones inductivas a partir de hechos sucedidos a lo largo de miles
años me dejan bastante indiferente. Que nuestra historia humana está ligada a
iniciales y largos períodos de nomadismo… pues probablemente sea así.
Pongámonos en esa hipótesis, y aceptemos que nuestra esencia milenaria es
nómada. Pero el nomadismo no es el resultado de ninguna genética, parece más
bien que resulta de la lucha por la supervivencia y la búsqueda de alimento y
refugio; porque en el momento en que el humano descubrió que era posible poseer
alimento y refugio sin trasladarse, se hizo sedentario (y con ello, empezaron
los líos –Yuval Noah Harari-). No obstante, ese nomadismo primigenio también
supuso la lucha brutal por la supervivencia contra otros grupos humanos a cuyo
espacio llegaban los nuevos transeúntes o se cruzaban por el camino y se
disputaban un mismo espacio de subsistencia. También pudo ser posible la
convivencia pacífica, y la mezcla entre especies… Pero no cabe duda de que el nomadismo supuso
confrontaciones, mezcla y una hipotética lucha de exterminación de una especie
humanoide sobre otra. Todo esto, bien mirado, no es muy distinto a lo que
ocurre ahora. Hoy es el nomadismo forzado por hambrunas, guerras,
persecuciones, por el anhelo de una vida mejor; y también las mismas
circunstancias derivadas: crisis, los enfrentamientos, el rechazo, la
xenofobia, el miedo. Apenas han cambiado las causas y sus efectos. Bueno, sí.
Las naciones y sus fronteras, que durante un tiempo fueron útiles para controlar
el nomadismo puntual. Pero hoy, en un mundo en permanente movimiento (todos
somos commuters… Zygmunt Bauman), las
naciones y las fronteras sólo han agudizado los inconvenientes y silenciado las
ventajas
¿Y si aceptamos que somos nómadas
y que es imposible en el mundo actual impedir las migraciones? ¿Y si aprendemos
de nuestro pasado? ¿Y si aceptamos que las migraciones pueden ser beneficiosas
para todos? ¿Y si abordamos la migración no como un problema de cada nación,
sino un asunto global que requiere una política global como se ha hecho con
tantas otras cosas… un tratado internacional? ¿Y si imaginamos por un momento
una manera de entender el “pueblo del Estado”, como decía la Teoría clásica del
Estado, desligado de los conceptos nación-ciudadanía-frontera?
Estado, pueblo, nación, frontera…
todos son ficciones, artificios jurídicos y políticos que son muy útiles para
explicar y legitimar ciertas realidades. Pero profundamente perturbadoras en el
mundo actual para afrontar realidades a las que habrá que dar una respuesta
para que no se destruyan las grandes ventajas de aquellas ficciones: la
libertad, la igualdad, la democracia… Ideas, por cierto, perfectamente globales
y ajenas a los compartimentos nacionales y fronterizos. ¿Por qué no aceptamos
que las migraciones son inevitables? ¿Por qué no nos afanamos en buscar
instrumentos que las ordenen y las hagan humanas, que permitan tratar y ofrecer
un futuro digno? ¿Por qué no creamos otros artificios jurídicos para construir
una nueva ficción política?
¿Y si encargamos a los que ahora
están pensando la forma en la que poner puertas al campo de las migraciones a
pensar justamente cómo ordenar un mundo en el que migrar es inevitable? Ahí lo
dejo.
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