Si se hubiese empeñado en hacerlo
peor, no lo hubiese conseguido. Este Gobierno de España es una calamidad. Ha
conseguido poner a este país en el peor de los escenarios políticos posibles. Y
casi lo peor no es ya el reto separatista, que lo es y mucho. No. Lo peor es
que le han dado a los pardos los mejores argumentos para seguir con la socava
del Estado. No se pudo gestionar peor la crisis catalana. Hasta el punto que ha
tenido que salir el Jefe del Estado a hacer lo que debía haber hecho el Jefe
del Gobierno, defender la Constitución. Porque de eso se trata, aunque parece
que ni el PSOE ni IU se han enterado. Aquí no se trata de defender al Ejecutivo
nacional, ni de acallar la voz de los catalanes (¿cuáles? Digo yo, porque
parece que hay unos catalanes que quieren justo que les defiendan de los
separatistas). Aquí se trata, ni más ni menos, de defender las reglas básicas
de este juego, que es el de todos; y eso no pasa por dar un golpe de Estado
contra el orden Constitucional democrático de España.
Corre por la red el video del
mensaje televisado de JFK a resultas de la negativa de un Gobernador a acatar
la sentencia de la Corte Suprema de los EEUU que declaró contrario a la
Constitución el segregacionismo racial. Su mensaje es clarísimo. Es el mensaje
que tratamos de trasladar los profesores de Derecho serios y rigurosos: sin
ley, no es que no haya orden, es que no habrá ni paz ni libertad. Como dice JFK
en ese mensaje, los ciudadanos somos libres para discrepar de las normas, pero
no para desobedecerlas. Porque si lo hacemos, simplemente, es la guerra de
todos contra todos. Recuerdo la imagen de una vecina de una ciudad catalana que
le decía a uno de esos concejales de camiseta y sin duchar que, si él se negaba
a cumplir con una sentencia judicial porque era “injusta y antidemocrática”,
¿ella podía negarse a pagar las multas de aparcamiento o el IBI porque los
consideraba “injustos y antidemocráticos” y, además, no los había “votado”?
Contéstense ustedes mismos.
No toca usar el lío catalán para
atacar al Gobierno. A pesar de que se lo merece. Ha puesto a las Fuerzas y
Cuerpos de Seguridad del Estado a comerse un marrón. Me gustaría saber qué
brillante estratega se le ocurrió montar los operativa a las 9 de la mañana.
Seguro que dirá que fue cuando llamaron los Mossos. Menuda excusa. Tampoco era
necesario desalojar los lugares. Bastaba con ir allí, advertir a quienes
hubiesen cedido los espacios o participasen en las pseudo-mesas que si
persistían en su empeño estaban cometiendo un delito, al menos de desobediencia
por no decir de sedición. Y de forma coordinada con sus señorías, una vez
incumplida la orden policial amparada en el pertinente mandato judicial,
proceder a notificarles allí mismo su imputación penal y, dado el caso, dictar
las órdenes de detención oportunas. Lo otro fue ridículo y le dio al
separatismo sedicioso la imagen y los mártires que ellos deseaban. Mejor no
hablar de la prensa internacional y del debate en el Parlamento europeo. Por
primera vez me he sentido euroescéptico.
Mientras, el Gobierno en shock, y
la oposición de izquierdas haciendo honor a su historia remota, desleal y
oportunista. Desleal a la Constitución, que es lo que hay que defender ahora
sin miramientos. No hay espacio para la tibieza. No podemos confundir a unos
con los otros. Tenemos que tener claras las líneas rojas y de qué lado estamos.
Y oportunista, porque sólo piensan en debilitar al Gobierno en un cálculo
electoral vergonzante. Pero claro, “no es no”. Yo siempre me he tenido por un
socialdemócrata, pero no de “éstos”. Todo es expresión del fracaso de una
generación de españoles que nunca han sabido administrar una Democracia. Una
generación perdida en sus propios demonios, familiares y personales, que no han
sabido mirar más allá de sus complejos morales. El problema es que serán mis
hijas las que sufran su fracaso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario