LA POLÍTICA COMO
MERCADOTECNIA
He seguido con atención la
polémica twitera entre Iglesias y Errejón. La verdad es que hay que tener mucha
capacidad de síntesis para resumir en 140 caracteres un debate que quiere ser
de altos vuelos. ¿Dónde quedó aquella época en la que los debates y
discrepancias se plasmaban en sesudos libros? Ahora, en esta edad de prisas y
urgencias, las luchas por el poder o las
crisis de identidad ideológica tienen que caber en frase y media. Es como si Kautsky y Bernstein hubieran
ventilado las suyas a golpe de telegrama.
Todo ello vine al caso porque
tengo la sospecha de que la tensión entre el utópico Iglesias y el posibilista
Errejón no es más que una gran impostura. Me resisto a creer que estos dos, que
listos son, y que su entorno, que no lo es menos, se hayan dejado llevar por el
ardor de la disputa, y aireado espontáneamente en twitter sus tensiones. Más
insólito me parece que los menos listos del partido crean que en realidad el
cruce de reproches y desacuerdos es a cuenta y tiene por destinatario al PSOE
(¿¿??!!!). Va a ser que todo es una gran escenificación para luego afirmar
borrachos de superioridad moral que ellos son la repera, los más transparentes
y honestos (y de paso, los que más ligan) porque no esconden sus diferencias.
La estrategia puede ser esta. Represento en las redes un episodio de supuesta
crisis interna, que finalmente se resolverá incruentamente (o cruentamente,
porque puede ser la excusa para detectar traidores a las esencias y desafectos
al líder supremo para cortarles la cabeza), para salir públicamente fortalecido
por el robusto debate interno en prueba de nuestra superioridad ética y moral
soportado por una transparencia a prueba de incrédulos…. Y además doy qué
hablar, porque como no tenga nada que decir, he perdido presencia mediática y
vivo de ella. Sin medios, no podemos. Es que no me puedo creer que en realidad
esas tensiones existan, y que reproduzcan el mismo debate que a finales del
Siglo XIX mantuvieron dos padres de la socialdemocracia, el marxista Kautsky y
el revisionista Bernstein. Un debate entre el utopismo revolucionario que cree
que todos estamos equivocados y que la única manera de emancipar y liberar a
esta sociedad de sus lacras, alienada por el Ibex 35, es mediante la revolución
permanente, o intermitente, que eso depende del día y las ganas; y el realismo
posibilista de quien cree que el cambio de la sociedad no está en la
radicalidad transformadora de cada persona, aunque ésta no quiera y quiera
vivir toda la vida equivocado, sino en la progresiva redefinición de las
estructuras sociales para que cada uno viva como quiera, pero teniendo
aseguradas las condiciones básicas que le permitan hacerlo con dignidad. O sea,
Gramsci y sus tribulaciones.
No descarto que en Podemos, en su
élite dirigente (porque en esto son leninistas posmodernos que se saben bien la
lección de la vanguardia revolucionaria), en efecto exista una larvada tensión
entre utopía y realidad. Pero de este partido nada me extraña, desde el momento
que tratan de conciliar a marxistas ortodoxos con ecologistas bien pensantes, a
anarcosindicalistas con socialdemócratas defraudados, o más simplemente, a
cabreados por todo y con todos, con “gente” que simplemente quiere un país
decente. Este es el signo de Podemos, ser un partido sin ideología, ya que no
les hace falta porque el primer paso de toda revolución es hacerse con el
poder, y luego ya veremos.
(PUBLICADO EN EL COMERCIO EL 2 DE OCTUBRE DE 2016)
(PUBLICADO EN EL COMERCIO EL 2 DE OCTUBRE DE 2016)
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