Estoy convencido que la alarma
saltó no con las declaraciones de Felipe González en la Ser, sino con la
retirada del apoyo que Podemos prestaba a Emiliano García-Page en Castilla-La
Mancha. Ahí todo el mundo se puso nervioso porque el empecinamiento de Pedro
Sánchez con el no, e intentar una opción alternativa a Rajoy, acababa de
provocar la primera crisis de gobierno autonómico. Estoy había que pararlo como
fuese, y así se lío la que se lío. ¡Qué listos son los chicos de Podemos! Su estrategia
era sibilina porque primero escenifican una supuesta crisis interna entre,
luego dicen que en realidad el lío viene a cuenta del PSOE, y al final empiezan
a cuestionar sus apoyos en comunidades autónomas y ayuntamientos. Consecuencia:
el PSOE pica y entre en barrena. Mientras, Arriola frotándose las manos porque
la suya, su estrategia de disolución de la izquierda, va por el manual. Primero
inventa a Podemos, consigue implosionar a la izquierda con un partido que es
pura mercadotecnia, liquida a IU en seis meses, y ahora está a punto de arrasar
al PSOE. El propósito es claro, el PP prefiere en su segunda mandato a Podemos
como líder de la oposición porque sabe que será incapaz de desmontar todo lo
que ha montado con su mayoría absoluta en el primer mandato Pero esta
estrategia es sumamente peligrosa porque el reinado de Mariano concluiría tarde
o temprano, y el centro izquierda será un desierto abarrotado de abstención y
radicalidad.
Lo del PSOE se veía venir. La
élite que construyó al PSOE socialdemócrata-liberal de los ochenta y noventa
necesitaba erigir un gran y férreo aparato encargado de llegar a todos lados y
asegurar la fortaleza de un partido de centro izquierda frente a una derecha
aún por construir. Pero tan fuerte se hizo el aparato, tanta necesidad hubo de
formar cuadros rápido a cualquier precio, que ese mismo aparato fagocitó al
partido y se creyó con el legítimo derecho a ser él quien dirigiese la
organización. La consecuencia ha sido que el partido ya no tiene élites
intelectuales que le orienten y dirijan, y se ha transformado en un mecanismo
para mantener en el poder a los que aún lo conservan, y así dar trabajo a cientos de aparatistas que de otro modo no tienen a
donde ir. Primero Zapatero y ahora Sánchez, ambos son un ejemplo claro de este
proceso que ha terminado por llevar al PSOE a una lucha intestina a muerte. Una
lucha que será cruenta porque el conflicto es entre personas y no entre
tendencias e ideas. Y esas guerras tienen muertos, duelos y rencores que nunca
restañan. Mal asunto.
Y ahora le toca a Javier
Fernández enfrentarse a la hercúlea tarea de resolver el entuerto. Primero ver
qué hacen con el gobierno de España, y luego ver qué se hace con el PSOE (o
viceversa). Y mientras todos los mensajes tergiversados porque la abstención a
Rajoy no es pactar con él, sino de ganar el tiempo necesario para poder
rearmarse ante el electorado haciendo oposición de la buena. Pero también es
verdad que Rajoy no necesariamente depende de la abstención del PSOE porque puede
formar mayoría absoluta con Cs, Coalición Canaria y PNV. Pero sea como fuere la
pelota la tiene el PSOE en su tejado y no me extrañaría que Arriola aconseje a
Rajoy unas terceras elecciones para liquidar definitivamente al PSOE. Para terminar de liarla, Sánchez se presentará
a unas primarias que puede ganar porque goza de la simpatía de la militancia.
Si es así, simplemente, es el final del PSOE porque la ruptura terminará por
ser inevitable. Al final Iglesias va a tener razón y ellos serán los únicos
socialdemócratas.
(PUBLICADO EN EL COMERCIO EL 5 DE OCTUBRE DE 2016)
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