lunes, 6 de mayo de 2019

PAISAJE ELECTORAL


Pues parece que lo de que resiste es ya categoría. Pedro Sánchez ha hecho honor al título de su libro y, en efecto, ha resistido, y además muy bien, el envite electoral del pasado domingo. El panorama no era especialmente bueno. Veníamos de unas elecciones en Andalucía que habían dejado muy mal sabor de boca en la izquierda y un cierto rezume amargo a la derecha. El PSOE había ganado las elecciones, pero con una sustancial pérdida de votos y escaños en uno de sus feudos históricos.  “Las derechas”, PP y Ciudadanos (Cs), a pesar de no tener malos resultados, necesitaban para desalojar a los socialistas del gobierno a un socio molesto, Vox. No les salió muy mal la jugada. PP y Cs pactaron con un anfitrión, Vox, sin perder demasiado pelo en esa gatera. Aunque ahora parece que Vox les ha salido respondón y en esa gatera se empieza a oler el miedo. El riesgo de contagio en las elecciones autonómicas y locales del mayo siguiente (también en las europeas, aunque aquí el voto siempre ha sido muy extravagante) era grande. Sánchez tuvo un golpe de genialidad política con el adelanto electoral de las generales. No cabe duda de que está demostrando un gran sentido de la oportunidad. Atajó el contagio, evitó el “superdomingo” de mayo, y encima ganó incontestablemente unas elecciones en las que sólo Tezanos le daba la victoria (el CIS suele acertar bastante, sea todo dicho). Me quito el sombrero.

Las claves de esa victoria son tres: la participación, la fragmentación y la torpeza tacticista. La participación ha sido de nota. La segunda más alta de los últimos 40 años. Y esa alta participación ha vuelto hacer buena la tesis de que la izquierda no ideológica en España es abstencionista. Se queda en casa si el PSOE no hace las cosas bien o no ven un riesgo real de bunkerización política. Esta vez no se quedó en casa porque Vox se encargó de movilizar a ese lectorado que en algún momento tuvo la veleidad de irse a Podemos o de coquetear con Cs. Estos y los otros han regresado a su casa madre y han arrimado el hombro para frenar a una hiperderecha tramontana y anabolizada. La consecuencia es que Podemos se ha quedado con lo que probablemente sea su suelo electoral y que no es otro que el espacio que antes ocupó el PCE y no fue capaz de conservar IU. La derecha fragmentada y fluida. Cs es verdad que acusó menos la deserción porque se alimentó de otra, la que venía de un PP desarbolada y neurasténico. Pero ni Rivera ni Casado acertaron con el mensaje y el tono. El exceso de tacticismo pasó factura. Una cosa es que las elecciones cada día sean más emocionales, y otra confundir las emociones como la indignación, con el soliloquio descalificador del adversario. España importa, pero Cataluña ya no da réditos políticos, y el mantra del constitucionalismo españolista sólo ha alimentado a Vox y ha espoleado a la izquierda abstencionista. PP ha tocado su suelo, y Cs quizá su techo. Y los dos le han hecho la campaña a la hiperderecha anabolizada de Abascal (que es otro soufflé, y si no al tiempo).

El PSOE está fuerte y tratará de gobernar como lo hizo hasta ahora: a golpe de Decreto Ley y viernes sociales, con pactos de legislatura puntuales y frágiles. PP y Cs deberán recomponer su figura y volver a un lenguaje político sosegado (como ahora trata de hacer, aunque tarde, Casado), transmitiendo que España se construye con acuerdos y haciendo frente a la política hiperbólica. Quizá debamos mirarnos en Suecia. Los ciudadanos, mientras, viviendo de susto en susto. 

 (Publicado en El Comerci el 5 de mayo de 2019)

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