Pues parece que lo de que resiste
es ya categoría. Pedro Sánchez ha hecho honor al título de su libro y, en
efecto, ha resistido, y además muy bien, el envite electoral del pasado
domingo. El panorama no era especialmente bueno. Veníamos de unas elecciones en
Andalucía que habían dejado muy mal sabor de boca en la izquierda y un cierto
rezume amargo a la derecha. El PSOE había ganado las elecciones, pero con una
sustancial pérdida de votos y escaños en uno de sus feudos históricos. “Las derechas”, PP y Ciudadanos (Cs), a pesar
de no tener malos resultados, necesitaban para desalojar a los socialistas del
gobierno a un socio molesto, Vox. No les salió muy mal la jugada. PP y Cs
pactaron con un anfitrión, Vox, sin perder demasiado pelo en esa gatera. Aunque
ahora parece que Vox les ha salido respondón y en esa gatera se empieza a oler
el miedo. El riesgo de contagio en las elecciones autonómicas y locales del
mayo siguiente (también en las europeas, aunque aquí el voto siempre ha sido
muy extravagante) era grande. Sánchez tuvo un golpe de genialidad política con
el adelanto electoral de las generales. No cabe duda de que está demostrando un
gran sentido de la oportunidad. Atajó el contagio, evitó el “superdomingo” de
mayo, y encima ganó incontestablemente unas elecciones en las que sólo Tezanos
le daba la victoria (el CIS suele acertar bastante, sea todo dicho). Me quito
el sombrero.
Las claves de esa victoria son
tres: la participación, la fragmentación y la torpeza tacticista. La
participación ha sido de nota. La segunda más alta de los últimos 40 años. Y
esa alta participación ha vuelto hacer buena la tesis de que la izquierda no
ideológica en España es abstencionista. Se queda en casa si el PSOE no hace las
cosas bien o no ven un riesgo real de bunkerización política. Esta vez no se
quedó en casa porque Vox se encargó de movilizar a ese lectorado que en algún
momento tuvo la veleidad de irse a Podemos o de coquetear con Cs. Estos y los
otros han regresado a su casa madre y han arrimado el hombro para frenar a una
hiperderecha tramontana y anabolizada. La consecuencia es que Podemos se ha
quedado con lo que probablemente sea su suelo electoral y que no es otro que el
espacio que antes ocupó el PCE y no fue capaz de conservar IU. La derecha
fragmentada y fluida. Cs es verdad que acusó menos la deserción porque se
alimentó de otra, la que venía de un PP desarbolada y neurasténico. Pero ni
Rivera ni Casado acertaron con el mensaje y el tono. El exceso de tacticismo
pasó factura. Una cosa es que las elecciones cada día sean más emocionales, y
otra confundir las emociones como la indignación, con el soliloquio
descalificador del adversario. España importa, pero Cataluña ya no da réditos
políticos, y el mantra del constitucionalismo españolista sólo ha alimentado a
Vox y ha espoleado a la izquierda abstencionista. PP ha tocado su suelo, y Cs
quizá su techo. Y los dos le han hecho la campaña a la hiperderecha anabolizada
de Abascal (que es otro soufflé, y si no al tiempo).
El PSOE está fuerte y tratará de
gobernar como lo hizo hasta ahora: a golpe de Decreto Ley y viernes sociales,
con pactos de legislatura puntuales y frágiles. PP y Cs deberán recomponer su
figura y volver a un lenguaje político sosegado (como ahora trata de hacer,
aunque tarde, Casado), transmitiendo que España se construye con acuerdos y
haciendo frente a la política hiperbólica. Quizá debamos mirarnos en Suecia.
Los ciudadanos, mientras, viviendo de susto en susto.
(Publicado en El Comerci el 5 de mayo de 2019)
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