Y por fin llegamos a IU y Ciudadanos (Cs). Envés y revés de una experiencia política. De un lado IU, heredera del histórico y decisivo PCE. De otro Cs, la expresión de un nuevo partido con una nueva concepción de la manera de hacer política. IU es la historia del descenso a los infiernos y Cs la del ascenso al cielo de los imprescindibles. Dos trayectos políticos en direcciones opuestas, pero que pueden explicar a la perfección lo que nos está ocurriendo.
IU es la expresión moribunda de la vieja política de izquierda. Un partido hecho de otros partidos, desgarrado internamente por ese no saber estarse quieto que siempre han tenido las izquierdas, plurales o no. Incapaces de no ser fratricidas, enredados en un eterno cainismo que les agota de tal forma que ya no tienen fuerza para hacer política. IU depende por entero de sus bases electorales, casi idénticas a su militancia. Cs sin embargo no vive de su militancia (inexistente), sino del voto del tercio medio y central (que no centrista) del electorado que tira de sufragio según le va el bolsillo o los ánimos. Ya no hay votantes racionales, sólo emite sufragios las emociones, e IU ha dejado de emocionar, y Cs provoca emociones que le han permitido ir de la nada al todo en un año electoral. Esa dependencia de la militancia, porque es su único voto, y la ambición de programa, programa, impone a IU una falta de practicidad en su quehacer político que ha terminado por hacerla irrelevante. Partida entre los que creen que Franco sigue vivo y está en todas partes (y a Pablo Iglesias, como antiguo militante se le nota ese sesgo), y los que se pierden en su propio discurso utópico y nostálgico de las revoluciones imposibles, IU ha constreñido su discurso al de la oposición porque sí, tratando de ser la voz de los desheredados de la tierra, náufraga en una grandilocuencia que tiende al vacío, y ajena a un votante que ni siquiera le suena quien fue Franco y quiere hechos y no promesas. Podemos no hizo sino rematar la faena que ya había iniciado Anguita. IU ha sucumbido al canto de sirena del “juntos podemos armar la revolución permanente”. O sea, la nada. Aguantan los indómitos astures, la única agrupación sólida y realista que ahora se debate entre su coherencia (castigar a un PSOE abstencionista) y la evidencia de que una convocatoria adelantada de elecciones en Asturias significaría su liquidación definitiva.
Lo de Cs es más fácil. Su mundo es el del votante que lo que quiere es pragmatismo y serenidad. Cs sí que representan una nueva política llena de emociones, posibilista y pragmática, alejada del viejo dilema izquierda/derecha. Ellos son transversales porque en realidad no tienen ideología, ni falta que les hace. Su votante es ideológicamente indiferente o ambiguo. Para Cs es fácil hacer política en esas condiciones porque puede armar programas políticos que consistan en una carta a los Reyes Magos: un listado de puntos de acuerdo con otros. Es el estilo de la vieja democracia-cristiana italiana o la CSU bávara. Lo importante es estar ahí y forzar los acuerdos que interesen en función de la temperatura de su electorado. Y si no son estos, tenemos otros. Ellos pueden porque han desterrado la ideología de su discurso político. Y parece que funciona.
Dicho por otro lado, no digan que no se lo dije… muchas vueltas para terminar donde empezamos: Rajoy Presidente.
(publicado en EL COMERCIO, 30 de septiembre de 2016)
No hay comentarios:
Publicar un comentario