Una de las tradiciones de este
país es avanzar por rotación. Justo eso es lo que acabamos de hacer, porque al
final nos hemos metido en este lío de repetir elecciones para acabar como
estábamos… o casi. El PP ha vuelto a ganar, y esta vez de forma clara e
indiscutible. Lo ha hecho a costa de Cs y del PSOE, porque los hijos pródigos
han vuelto a la casa del padre, y el Brexit quizá haya provocado que el
indeciso haya votado lo seguro, porque más vale lo malo conocido que lo bueno
por conocer. Ahora, desde luego, la gran perdedora de los comicios ha sido IU.
Cierto que se arrastraba agonizante en cada cita electoral. Pero no lo era
menos que ahí seguía, concitando el voto de la izquierda más ortodoxa y
aguantando año tras año, ocupando un espacio político y mediático respetuoso
con su historia. Hoy, IU es un cadáver que Podemos ha terminado por enterrar.
El PP lanzó un órdago en
diciembre forzando una segunda vuelta. Confiaba en que la lógica electoral no
les fallase y que en esa segunda vuelta el voto se polarizase de manera que
ganaría votos, aún a riesgo de que también lo hiciese Podemos. El PP lo
consiguió, absorbiendo el voto de derecha y centro derecha. Podemos no tanto. Porque
todo parecía hacer pensar que Podemos iba a ser el otro beneficiario de la
polarización. Y quizá lo hubiese sido si hubiese moderado su discurso, si no se
hubiese empeñado en fagocitar a IU, si hubiese conseguido conectar con ese
votante no ideológico que simpatiza con las causas sociales y está harto de la
grosera corrupción de la “casta”, pero que desea un cambio tranquilo y no una
revolución permanente. En realidad Podemos ha tocado su techo electoral porque al
final ni este país está colapsado, ni todo el mundo se siente excluido, ni
viven en la emergencia. En definitiva, ha cosechado lo que ha sembrado. Es que
tampoco nos representa a la mayoría de la “gente”. Quizá eso explique que el PSOE
no se haya derrumbado tanto y se mantenga ahí. Sin duda el Brexit, cierta
cordura utilitarista y pragmática y la experiencia en el poder de lo podemitas
ha permitido que el voto de izquierdas, huérfanos de una IU, se haya ido al
PSOE amortiguando la caída. Podemos y Garzón no hicieron bien las cuentas, en
su caso, el 1 más 1 no sumó dos. Pero el PSOE va a tener que mirárselo. Me
resulta insólito que Sánchez no dimita tras dos fracasos tan severos. Pero más
insólito me parecería que en este escenario se empeñase en liderar un gobierno
sujetado por un Podemos que aspira también a fagocitarlo, y unos socios tan
dudosos como CdC, ERC o Bildu. Esa aventura terminaría con él y con el PSOE
como partido sólido y de gobierno (y no de poder como podemos). Lo prudente
acaso fuese dejar gobernar al partido más votado con una elegante abstención en
segunda vuelta, y asumir con fuerza su papel de partido líder de la oposición
para capitalizar el desgaste del PP en el gobierno y arrinconar a Podemos en el
espacio que antes ocupaba IU. Pero qué va a saber este pobre profesor
periférico. Cs ha acusado la deserción del votante circunstancial. De ese
votante de centro, que ni es de derechas ni de izquierdas, y que no ha visto
bien ni ha comprendido el coqueteo anterior con el PSOE, y que estaba harto de
la corrupción de los dos grandes. Pero no era momento de aventuras y el voto
útil y a ganador les ha devuelto a casa.
Al final la polarización nos ha llevado
otra vez al bipartidismo, atenuado y frágil, pero bipartidismo a fin de
cuentas. La cuestión es saber si nos lo ha devuelto con la suficiente fuerza
como para formar un gobierno. Lo probable es que esta vez Rajoy sí se lance al
ruedo con la abstención de CS y PSOE. En fin, un largo rodeo para acabar donde
estábamos. Pero con una gran diferencia, porque ahora el PP ha salido
reforzado, el PSOE se ha debilitado aún más, y Podemos y Cs se mantienen. Para
el PSOE hubiese sido mejor el escenario de diciembre, como también para Cs.
Pero quisieron jugar de farol, y la cosa no salió. Aquí sólo queda esperar,
porque el gobierno tardará en alumbrarse y el verano será largo y pródigo en
maquiavelismos de salón. Entretanto, la casa sin barrer.
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